La vida del justo está marcada por fortaleza y estabilidad espiritual. Daremos fruto a su tiempo: El justo da fruto, tales como el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23).
El fruto llega naturalmente de este árbol porque está plantado junto a permanentes corrientes de aguas vivas. “No hay árboles estériles en el huerto de Dios."
Author: hugomontecinos
Temor y Sabiduría
En tiempo de prosperidad la persona sabia no se pone orgullosa. Tiene claro que ha sido Dios el que le ha bendecido. En tiempo de necesidad, la persona sabia confía en Dios, sabe que lo que pase le ayudara para bien, así lo declaro el apóstol Pablo en Romanos 8:28: “Y sabemos que los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien...”
¿No Desmayemos?
Contemplar tal posibilidad en soñar despierto. Esto es algo que el evangelio no hace. Si promete que el mal será finalmente vencido, aniquilado, no ahora, no al momento sino cuando Dios lo disponga. Esto es creerle a Dios y es la garantía que Él nos da de que el triunfo nuestro. Vale la pena esperar tomados de su mano sin desmayar.
11 – Ministerio Pastoral
La Palabra es Suficiente
Nada más necesitamos, que Su poderosa Palabra para experimentar la presencia del Espíritu Santo en nuestro ser.
Todo esto se complementa con la lectura de Su Palabra, el aprendizaje y la Oración. Estas acciones son armas poderosas para fortalecer nuestro crecimiento espiritual diario. Hasta nuestro señor Jesús se subordinaba a La Palabra.
¡De que libertad me Hablan!
Esto terminara cuando los hombres de toda raza y lengua, de todas las clases económicas y sociales se conviertan en deudores de Dios por su regalo de libertad en Cristo. Entonces las distinciones que erigimos para proteger nuestras libertades y los argumentos se borraran, porque todos seamos libres en Cristo Jesús.
La Ley de Dios
La ley puede definir el pecado. Dice al pecador que es pecador; pero no puede sacarlo de su pecado. La ley contiene la promesa de vida y libertad; pero nosotros no podemos obtenerla. La ley de Dios no es “otro camino” hacia la libertad. La ley de Dios, nos dirige hacia la fe en Jesucristo con lo cual llegamos a vivir la verdadera libertad.









